miércoles, 27 de agosto de 2014

Windows Live Messenger Plus!

Es dificl de explicar,
pero el msn no es solo el recuerdo de una época en la que todo bien.
Es como una huella de un pasado que veo como que si esto "volvió", entonces todo lo demás también puede volver
es como una esperanza.
También (y no me resulta fácil admitirlo), me hace acordar a Belén,
y es una forma de tenerla en mi memoria,
y no olvidarme de ella,
y de cuando chateábamos y cuando estaba conmigo.
Ojo, te amo con toda mi alma y jamás hubiera preferido estar con ella a estar con vos,
pero la extraño mucho
y de alguna manera revivir el msn es revivirla a ella.
Me acuerdo cuando todo estaba bien acá en mi casa, cuando no jugaba al DC, cuando me iba bien en la facultad,
cuando tenia fe en mi, en Dios, en las personas, en todo.
Cuando tenia fe.
Y revivir el msn para mi es revivir un poco de esa fe y esa esperanza también.
Por eso digo que hay gente que no lo entiende y no lo va a compartir conmigo,
y me entristece eso
porque me gustaría poder tener a alguien con quien experimentar eso
me trae muchos hermosos recuerdos y me da la esperanza de que no todo esta muerto en realidad,
que si algo tan tonto como el msn pudo volver a mi vida
también todo lo demas
cuando verdaderamente era feliz
cuando sentía que no me faltaba nada
que no tenia nada que perder y todo por ganar.
Eso es lo que es el msn para mi.
Es revivir una época muy linda de mi vida,
es traer a belen de nuevo a mi vida,
es traer a mi grupo inseparable de amigos que daban todo y estaban en todo,
es volver a mi facultad donde aprobaba todo y me iba bien,
cuando trabajaba,
cuando no me peleaba en mi casa,
es volver a ser una buena persona y hacerme querer.
No es solo un estúpido programam de chat
que murió  y que quiero revivir.
Es una parte de mi entera que murió y quiero y necesito desesperadamente revivir.
Y estoy como un imbesil
aguantándome las ganas de llorar cada vez que escucho el "tururú" del msn
diciendo "LA PUTA MADRE LOCO, porque no puedo volver a ser yo, porque no puedo volver a tener todo lo que tenia, porque tengo que seguir fallándome a mi mismo y a los demás
y sobre todo, porque mierda no puedo crecer y levantarme y seguir adelante"
eso eso lo que es el msn para mi.

sábado, 5 de julio de 2014

Mi Cristo Roto.

A mi Cristo roto lo encontré en Sevilla. Dentro del arte me subyuga el tema de Cristo en la cruz. Se llevan mi preferencia los cristos barrocos españoles. La última vez, fui en compañía de un buen amigo mío. Al Cristo, ¡Qué elección! Se le puede encontrar entre tuercas y clavos, chatarra oxidada, ropa vieja, zapatos, libros, muñecas rotas o litografías románticas. La cosa, es saber buscarlo. Porque Cristo anda y está entre todas las cosas de este revuelto e inverosímil rastro que es la Vida.

Pero aquella mañana nos aventuramos por la casa del artista, es más fácil encontrar ahí al Cristo, ¡Pero mucho más caro!, es zona ya de anticuarios. Es el Cristo con impuesto de lujo, el Cristo que han enriquecido los turistas, porque desde que se intensificó el turismo, también Cristo es más caro.

Visitamos únicamente dos o tres tiendas y andábamos por la tercera o cuarta.

- Ehhmm ¿Quiere algo padre?

- Dar una vuelta nada más por la tienda, mirar, ver.

De pronto… frente a mí, acostado sobre una mesa, vi un Cristo sin cruz, iba a lanzarme sobre él, pero frené mis ímpetus. Miré al Cristo de reojo, me conquistó desde el primer instante. Claro que no era precisamente lo que yo buscaba, era un Cristo roto. Pero esta misma circunstancia, me encadenó a Él, no sé por qué. Fingí interés primero por los objetos que me rodeaban hasta que mis manos se apoderaron del Cristo, ¡Dominé mis dedos para no acariciarlo! No me habían engañado los ojos… no. Debió ser un

Cristo muy bello, era un impresionante despojo mutilado. Por supuesto, no tenía cruz, le faltaba media pierna, un brazo entero, y aunque conservaba la cabeza, había perdido la cara.

Se acercó el anticuario, tomó el Cristo roto en sus manos y…

- Ohhh, es una magnífica pieza, se ve que tiene usted gusto padre, fíjese que espléndida talla, qué buena factura…

- ¡Pero… está tan rota, tan mutilada!

- No tiene importancia padre, aquí al lado hay un magnífico restaurador, amigo mío y se lo va a dejar a usted, ¡Nuevo!

Volvió a ponderarlo, a alabarlo, lo acariciaba entre sus manos, pero… no acariciaba al Cristo, acariciaba la mercancía que se le iba a convertir en dinero.

Insistí, dudó, hizo una pausa, miró por última vez al Cristo fingiendo que le costaba separarse de Él y me lo alargó en un arranque de generosidad ficticia, diciéndome resignado y dolorido:

- Tenga padre, lléveselo, por ser para usted y conste que no gano nada 3000 pesetas nada más, ¡Se lleva usted una joya!

El vendedor exaltaba las cualidades para mantener el precio. Yo, sacerdote, le mermaba méritos para rebajarlo… Me estremecí de pronto. ¡Disputábamos el precio de Cristo, como si fuera una simple mercancía! Y me acordé de Judas… ¿No era aquella también una compraventa de Cristo? ¡Pero cuántas veces vendemos y compramos a Cristo, no de madera, de carne, en él y en nuestros prójimos! Nuestra vida es muchas veces una compraventa de cristos.

Bien… cedimos los dos… lo rebajó a 800 pesetas. Antes de despedirme, le pregunté si sabía la procedencia del Cristo y la razón de aquellas terribles mutilaciones. En información vaga e incompleta me dijo que creía procedía de la sierra de Arasena, y que las mutilaciones se debían a una profanación en tiempo de guerra.

Apreté a mi Cristo con cariño… y salí con Él a la calle. Al fin, ya de noche, cerré la puerta de mi habitación y me encontré solo, cara a cara con mi Cristo. Qué ensangrentado despojo mutilado, viéndolo así me decidí a preguntarle:

- Cristo, ¡¿Quién fue el que se atrevió contigo?! ¡¿No le temblaron las manos cuando astilló las tuyas arrancándote de la cruz?! ¿Vive todavía? ¿Dónde? ¿Qué haría hoy si te viera en mis manos? …¿Se arrepintió?

– ¡CÁLLATE!— me cortó una voz tajante.

- ¡CÁLLATE, preguntas demasiado! ¡¿Crees que tengo un corazón tan pequeño y mezquino como el tuyo?!

¡CÁLLATE! No me preguntes ni pienses más en el que me mutiló, déjalo, ¿Qué sabes tú? ¡Respétalo!, Yo ya lo perdoné. Yo me olvidé instantáneamente y para siempre de sus pecados. Cuando un hombre se arrepiente, Yo perdono de una vez, no por mezquinas entregas como vosotros.

- ¡CÁLLATE! ¿Por qué ante mis miembros rotos, no se te ocurre recordar a seres que ofenden, hieren, explotan y mutilan a sus hermanos los hombres? ¿Qué es mayor pecado? Mutilar una imagen de madera o mutilar una imagen mía viva, de carne, en la que palpito Yo por la gracia del bautismo. ¡Ohh hipócritas! Os rasgáis las vestiduras ante el recuerdo del que mutiló mi imagen de madera, mientras le estrecháis la mano o le rendís honores al que mutila física o moralmente a los cristos vivos que son sus hermanos.

Yo contesté: “No puedo verte así, destrozado, aunque el restaurador me cobre lo que quiera ¡Todo te lo mereces! Me duele verte así. Mañana mismo te llevaré al taller.

¿Verdad que apruebas mi plan? ¿Verdad que te gusta?”

- ¡NO, NO ME GUSTA!— Contestó el Cristo, seca y duramente.

- ¡ERES IGUAL QUE TODOS Y HABLAS DEMASIADO!

Hubo una pausa de silencio. Una orden, tajante como un rayo, vino a decapitar el silencio angustioso:

- ¡NO ME RESTAURES, TE LO PROHIBO! ¡¿LO OYES?!

- Si Señor, te lo prometo, no te restauraré.

- Gracias— me contestó el Cristo. Su tono volvió a darme confianza.

- ¿Por qué no quieres que te restaure? No te comprendo. ¿No comprendes Señor, que va a ser para mí un continuo dolor cada vez que te mire roto y mutilado? ¿No comprendes que me duele?

- Eso es lo que quiero, que al verme roto te acuerdes siempre de tantos hermanos tuyos que conviven contigo; rotos, aplastados, indigentes, mutilados. Sin brazos, porque no tienen posibilidades de trabajo. Sin pies, porque les han cerrado los caminos. Sin cara, porque les han quitado la honra. Todos los olvidan y les vuelven la espalda. ¡No me restaures, a ver si viéndome así, te acuerdas de ellos y te duele, a ver si así, roto y mutilado te sirvo de clave para el dolor de los demás! Muchos cristianos se vuelven en devoción, en besos, en luces, en flores sobre un Cristo bello, y se olvidan de sus hermanos los hombres, cristos feos, rotos y sufrientes.

Hay muchos cristianos que tranquilizan su conciencia besando un Cristo bello, obra de arte, mientras ofenden al pequeño Cristo de carne, que es su hermano. ¡Esos besos me repugnan, me dan asco!, Los tolero forzado en mis pies de imagen tallada en madera, pero me hieren el corazón. ¡Tenéis demasiados cristos bellos! Demasiadas obras de arte de mi imagen crucificada. Y estáis en peligro de quedaros en la obra de arte.

Un Cristo bello puede ser un peligroso refugio donde esconderse en la huida del dolor ajeno, tranquilizando al mismo tiempo la conciencia, en un falso cristianismo. Por eso

¡Debieran tener más cristos rotos, uno a la entrada de cada iglesia, que gritara siempre con sus miembros partidos y su cara sin forma, el dolor y la tragedia de mi segunda pasión, en mis hermanos los hombres! Por eso te lo suplico, no me restaures, déjame roto junto a ti, aunque amargue un poco tu vida.

- Si Señor, te lo prometo— contesté. Y un beso sobre su único pie astillado, fue la firma de mi promesa. Desde hoy… viviré con un Cristo roto.


.Dios tiene mano izquierda


La misma tarde que compré mi Cristo, le pregunté al anticuario dónde estaría el brazo derecho.

- ¡Oh, imposible encontrarlo! –me contestó— Y no crea usted que no revolvimos ya todo el pajar en donde estaba tirada la imagen mutilada. Encontramos, eso sí, la pierna izquierda y se la pegamos pero de la mano derecha ¡Ni rastro!

El anticuario no sabía Señor por dónde andaba tu mano derecha, pero Tú, Tú sí que lo sabes, la estás desclavando continuamente y se te escapa siempre. No, no me extraña que no la tengas, anda por ahí, invisible pero eficaz.

¡¿Quién no siente de vez en cuando, el suave roce de la mano llagada de Cristo?! Esa mano invisible que, sin llamar a la puerta, se mete en todas partes; en el hospital, en el lecho de muerte, en la oficina, en el despacho, en la fábrica, en el cine, en el teatro. Se cuela de puntillas como una ráfaga luminosa y musical. No podemos dar un paso por la vida sin tropezar con la mano de Dios. Pero tú, Cristo mío roto, sólo tienes mano izquierda.

Y me imaginé que decía, después de sentir que mi Cristo sonreía silencioso: “Qué poco y mal me conocéis, ¿Qué sería de vosotros los hombres si yo no tuviera mano izquierda?, La tengo, pero no para evitar que me crucifiquen, sino para conseguir que mi padre no os condene, Yo no uso mi mano izquierda para salvarme de la cruz, sino para salvaros del infierno, ¿Lo comprendes ahora?”

Toda la aventura trágica y divina de nuestra vida, está en dejarnos guiar por las manos de Dios. Pero hay en nosotros un elemento difícil, esquivo, peligroso: la libertad. Y Dios la respeta misteriosamente, infinitamente.

Para conquistarnos dispone Dios de dos manos, la derecha y la izquierda que representan dos técnicas y dos tácticas. La mano derecha es clara, abierta, transparente, luminosa. La mano izquierda busca atajos, da rodeos, es cálculo, diplomacia, no tiene prisa, si es necesario actúa a distancia y finge la voz, pero aunque izquierda no es maquiavélica ni traidora, porque la mueve el amor.

Para cada alma Dios tiene dos manos, pero las emplea de modo distinto porque todas las almas son diferentes. Con la derecha, como a palomas blancas o a ovejas dóciles,

Dios guiaba a Juan Evangelista, a Francisco de Asís, a Juan de la Cruz, a Francisco Javier, a las dos Teresas...

Para conquistar a Pedro, a Pablo, a Magdalena, a Agustín, a Ignacio de Loyola, Dios tuvo que emplear la izquierda. Ante la mano derecha, se rebelan, entonces entra en juego la izquierda, busca un disfraz y se trueca en rayo, en bala, trata de ser freno que nos detenga, quiere alzarnos del barro en que caímos, se nos mete en el pecho para ver si logra ablandar nuestros corazones. Sus recursos son infinitos, hoy la disimula con modernos y actuales disfraces, es el ser más actual...

¡Se rompe una presa que arrastra mis fincas! Tengo un descuido inexplicable en el trabajo, y la máquina me siega un brazo. Íbamos en coche a 100 por hora, nos salió inesperadamente un camión, murieron en el acto mi mujer y un hijo, y quedé solo en la vida. Jamás he tenido una enfermedad, pero me dice el médico que tengo algo incurable...

Ante la mano izquierda de Dios, la primera reacción es un grito de rebeldía y desesperación, olvidamos la presa, el coche, el traidor, la muerte, porque adivinamos que ellos no tienen en definitiva la culpa, presentimos a Dios como responsable de ese dolor, que por ser tan terriblemente profundo, no puede venir de las criaturas y lógicamente nos encaramos a Dios. ¡Le gritamos, le emplazamos, le protestamos, le exigimos, le desafiamos, le condenamos! “¡PADRE…! ¡SI FUERAS PADRE, NO ME TRATARÍAS ASÍ!” Gritamos, protestamos, nos rebelamos y luego… nos quedamos solos.

Y vienen las primeras lágrimas nerviosas y quemantes, y sin darnos cuenta, la primera oración. Volvemos a protestar contra Dios, contra nuestra primera oración... Sucede el cansancio, las lágrimas ya son más serenas, ya rezamos sin protestar, tenemos ganas de besar algo, ¿Qué? Oh sí, eso, ya lo encontramos, un crucifijo, y con un beso le decimos a Dios, que está bien lo que Él disponga...

Terrible, violenta, dura, implacable, pero bendita mano izquierda de Dios. Se formulan absurdas expresiones: “Bendita presa que se rompió, arrasó mi fábrica, pero me acercó a Dios, yo andaba muy lejos de Él”.

Cristo mío roto, te lo digo en nombre mío y de todos, porque todos somos valientes para pedírtelo desde ahora: Señor, si no basta para salvarnos la ternura de tu mano derecha, desclava tu izquierda, disfrázala de lo que quieras: fracaso, calumnia, ruina, accidente, muerte. Cristo, que seamos hijos de tu mano, de tu derecha o de tu izquierda.

A la cabecera de tu cama, amigo, o en tu mesita de noche, tienes un Cristo clavado en la cruz, ¿Por qué esta noche, antes de acostarte, no le besas la mano izquierda? Dios sabrá compensarte ese gesto de valor y resignación cristiana.
Se ha perdido una Cruz



¡Atención! Se ha perdido una cruz y no se da con ella, es la de mi Cristo roto. ¿Alguno de vosotros, ha encontrado una cruz? ¿Queréis las señas? ¿El tamaño? No es muy grande, pero es una cruz y no hay cruz pequeña, además es una cruz para Cristo y entonces no hay modo de medirla, con estas señas basta porque en definitiva todas las cruces son iguales.


Perdonad pues mi insistencia, ¿Quién de nosotros no ha encontrado una cruz? Mejor dicho: ¿Quién no tiene una cruz? Es un derecho de propiedad irrenunciable que se está ejerciendo siempre, todos la llevamos. La llevamos encima, a cuestas, aunque no se nos vea, aunque sonriamos.


A veces por oculta, es más pesada. Esta noche al acostarnos, no podremos dejarla colgada en la percha, al levantarnos mañana, no será necesario vestírnosla, saltaremos de la cama con ella ya puesta.


¿Que quién ha encontrado una cruz? Todos… todos, buenos y malos, santos y criminales, sanos y enfermos, ni siquiera respeta a los que parecen desafiar el dolor con las carcajadas y juergas de su vida.


Esa pobre mujer, que repintada y aburrida espera sentada a la barra de la cafetería o arrimada a la esquina estratégica, lleva una pavorosa cruz a cuestas, pesa tanto, que se apoya recostándose en la esquina, es una cruz más pesada de lo que sospechamos y el que se acerca a ella buscando el placer, lo hace por huir de otra cruz. Hablan los dos, regatean, prometen, se arreglan al fin y allá van por la calle adelante, con prisa y con la cruz a cuestas, y cuando regresan, cuando ya han tratado de aplacar su hambre de felicidad, sienten defraudados que ha aumentado su cruz, que es mayor. En ella, asco y envilecimiento, en él, desolación.


Toda ciudad en definitiva es un bosque, una selva, una colmena de cruces, ¿Y sabes amigo por qué a veces nuestra cruz resulta intolerable? ¿Sabes por qué llega a convertirse en desesperación y suicidio? Porque entonces nuestra cruz, es una cruz sola, sin Cristo, solamente se puede tolerar cuando lleva un Cristo entre sus brazos.


Una cruz laica, sin sangre ni amor de Dios, es absurda, no tiene sentido, por eso, se me ocurre una idea: Yo tengo un Cristo sin cruz y tú tienes, tal vez, una cruz sin Cristo. Los dos están incompletos. Mi Cristo no descansa, porque le falta su cruz, tú no resistes tu cruz porque te falta Cristo. ¿Por qué no le das esta noche tu cruz vacía al Cristo? Tú tienes una cruz sola, vacía, helada, negra, sin sentido. Te comprendo, sufrir así es irracional y no me explico ¿Cómo has podido tolerarla tanto tiempo? Tienes el remedio en tus manos… anda, dame esa cruz tuya, dámela, te doy en cambio, este Cristo sin reposo y sin cruz. Tómalo, es tuyo, dale tu cruz, toma mi Cristo; júntalos, clávalos, abrázalos y todo habrá cambiado.


Mi Cristo roto descansa en tu cruz, tu cruz se ablanda con mi Cristo en ella. Hemos encontrado una cruz, la nuestra, que resulta ser la de Cristo...


¡¿Quién te partió la cara?!


Cristo, yo había oído muchas veces esta amenaza en labios trémulos por el odio:

“¡MIRA QUE TE PARTO LA CARA!” Y siempre pensé que todo suele quedar en un puñetazo, un bofetón, una cuchillada en la mejilla. Sólo en Ti se ha cumplido literalmente la brutal amenaza, te han partido la cara de un solo tajo.

Yo se la hubiera restaurado, pero Él me lo prohibió. Por eso me dedico en un juego de fantasía y cariño, a restaurársela idealmente, colocando sobre su cabeza sin facciones, las caras que para mi Cristo, ha soñado el arte universal. Consumo en este juego, museos, colecciones, galerías, catedrales, pinacotecas. Todo va pasando por el tajo de su cara en un desfile lento, y me siento Velázquez o Juan de Meza, con un patetismo barroco, o Montañés con olímpica belleza, o Leonardo, de infinita tristeza.

Pero desde hace unos días, he tenido que renunciar también al consuelo de este juego, ¡el Cristo roto es terrible en su exigencia!, no concibe treguas, y me lo ha prohibido también. Yo creí al principio que le gustaba, al menos lo toleraba silencioso, hasta que un día me interrumpió severamente:

- ¡BASTA! No me pongas ya más caras, he tolerado tu juego demasiado tiempo. ¿No acabas de comprenderlo? No me pongas más esas caras que pides de limosna, al arte de los hombres. ¡Quiero estar así, sin cara! Prometiste que jamás me restaurarías… a no ser, que quieras ensayar otro juego, ponerme otras caras. Esas… sí las aceptaré.

- ¿Cuáles Señor? Te las pondré enseguida. Dime qué caras y te las pongo.

- Temo que no lo entiendas, incluso que te escandalices como los fariseos... Me refiero a otros rostros, pero reales, no fingidos como los que inventabas, y que son también míos, como el que me cortaron de un tajo.

- Ahh, ya creo adivinar Señor, te refieres a las caras de los santos, de los apóstoles, de los mártires…

- Esas caras en verdad, son mías. Nadie me las niega ni me las regatea. Pero yo quiero otras, las reclamo, muy pocos se atreverían a ponérselas, Yo sí.

Hizo un descanso, como para tomar fuerzas. Respiró profundamente. Yo estaba asustado, tenía miedo, pero no había remedio. Entonces me dijo:

- Oye, ¿No tienes por ahí un retrato de tu enemigo? De ese que te tiene envidia y que no te deja vivir; del que interpreta mal por sistema todas tus cosas, del que siempre va hablando mal de ti, del que te arruinó, del que dio malos y decisivos informes sobre ti, del traidor que te puso una zancadilla, del que logró echarte del puesto que tenías, del que te denunció, del que te metió en la cárcel...

- Cristo, ¡no sigas!

- Es demasiado, ¿Verdad?

- Es inhumano, es absurdo…

- ¿Te has fijado bien en la cara de los leprosos, de los anormales, de los idiotizados, de los mendigos sucios, de los imbéciles, de los locos...?

- ¿Y...? ¿Y me vas a decir Cristo, que esas caras son tuyas y… y que te las ponga? No, no, imposible.

- ¡Espera! no acabo aún... Toma bien nota de esta última lista y no olvides ningún rostro: Tienes que ponerme la cara del blasfemo, del suicida, del degenerado, del ladrón, del borracho, del asesino, del criminal, del traidor, del vicioso. ¿No has oído?

¡Necesito que pongas todos esos rostros sobre el mío!

- …No, no Señor… -contesté— ¡No entiendo nada! ¿Todos esos rostros miserables y corruptos sobre el tuyo, sagrado y divino?

- ¡Sí, así lo quiero! ¿No ves que todos ellos pertenecen a esta pobre humanidad doliente creada por mi padre? ¿No te das cuenta que yo he dado la vida por todos?

Quizá ahora comprendas lo que fue la Redención.

Escucha: Yo, como hijo de Dios, me hice responsable voluntariamente de todos los errores y pecados de la humanidad. Todo pesaba sobre Mí, mi Padre se asomó desde el cielo para verme en la cruz y contemplarse en Mi rostro, clavó sus ojos en Mí y su pasmo fue infinito. Sobre mi rostro, vio sobrepuesta sucesiva y vertiginosamente las caras de todos los hombres. Desde el cielo, durante aquellas tres horas terribles de mi agonía en la cruz, contemplaba el desfile trágico de la humanidad vencida, mientras tanto Yo le decía:

“¡Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen!” No era Yo sólo quien moría en la cruz, eran miles y miles de dolientes seres humanos, derrotados muchos por sus propias pasiones, por sus errores, por sus pecados. El desfile era terrible, repugnante, grosero. Mi Padre vio pasar sobre mi rostro la cara del soberbio; la del sectario, imaginando la destrucción de Dios, la del asesino frío y desalmado...

Había labios repugnantes, ojeras hundidas marcadas con fuego de lujuria, alientos insoportables de ebriedad, palidez de madrugadas encenagadas en el vicio, sórdidos rictus de amargura y desesperación, turbadoras miradas de perversión y delito, de subterráneas anormalidades inconfesables y oscuras. Toda la derrota y las lacras de una humanidad irredenta, la agonía, la muerte. Y mi Padre… Dios, las amó a todas y perdonó sus pecados”.

Mi Cristo calló, qué pobre y ridículo me pareció el arte de los hombres y qué profundo e insondable el amor de Dios. Y desde entonces, enmudeció. No volvió a hablarme más.

No olvidemos nunca esta suprema y difícil lección. No olvidemos nunca la superficie lisa del rostro de mi Cristo, tajado verticalmente. Podríamos compararlo con un portarretrato vacío. En él se nos ofrece la oportunidad de colocar la cara de aquél o aquellos que nos han hecho daño o que odiamos profundamente, haciéndonos más daño a nosotros mismos que a quien es objeto de nuestro rencor.

¡Sí…, sí, seamos valientes! Recordemos el rostro que mayor odio y antipatía nos produzca, acerquémoslo a Cristo, aunque sintamos temblar nuestro pulso. Coloquémoslo sobre el suyo e imaginemos que nuestro enemigo, ese ser que odiamos, ocupa su lugar en la cruz. Cerremos los ojos, acerquémonos al crucificado y besemos reverentes y humildes su figura.

Al besar un Cristo, con el rostro de nuestro enemigo, nos envolverá una voz cálida y musical, paternal y bondadosa. Aquélla que hace muchos siglos nos dejara la más grande y maravillosa herencia que hombre alguno pueda tener, encerrada en sólo seis sencillas palabras:
.
“Amaos los unos a los otros”..

viernes, 10 de enero de 2014

Icaro y el manuscrito del olvido

De boca en boca las aventuras de Icaro variaban de tiemoo y espacio. Pero aun asi todas surgian desde el mismo punto, un pequeño pueblo costero habitado por pescadores en que incluso hoy dia se puede leer en su cartel de bienvenida " Sunset Falls: cuna de leyendas".
Aveces de noche, otras de dia. Con sol y con lluvia. De muchas maneras comenzaba la historia aquel dia que un pequeño bote toco los muelles castigados por el tiempo de Sunset Falls. Aquel dia que el joven viajero de las calidas tierras del sur piso, sin saberlo, la primer ciudad donde marcaria su leyenda.

Icaro fue siempre representado como un joven de lasio cabello castaño, de piel gracilmente pintada por las caricias del sol. Y de unos ojos de oro liquido que destilaban orgullo y sed de experiencias. Pero lo que pocos saben es que aquel dia nada hubiese sido mas alejado de la realidad.
Cuando la pequeña comunidad pesquera encontro en bote desvencijado a la deriva fue cuando hallaron en su interior a una persona al borde de la muerte. Con un cuerpo tajado por las quemaduras del sol, y una mirada que parecia apuntar hacia algun lugar mas alla de la tierra de los vivos.

Esa fue la verdadera aparicion en escena de nuestro buen amigo.
La mareo subio y bajo, tres soles y tres lunas se sucedieron antes de que sus ojos dorados volviesen a abrirse. Las imagenes resultaban borrosas la personas comenzaban a aglomerarse a su alrededor. Sin saberlo se habia tornado la atraccion turistica de la pequeña villa. Aunque el lengüaje que empleaban le era completamente ajeno.

Sin fuerzas e incapaz de comunicarse siguio los dias en la cama de aquella sencilla casa de vulgar construccion. Alimentado dia y noche a base de sopas y otros derivados de pescado y pan. Una niña lo cuidaba en la mañana, una joven morena de pelo azabache que no tendria mas de 10 años. En mas de una ocasion la habia atrapado espiandolo mientras dormia. Aunque Icaro no entendia el por que, quizas tan solo fuese curiosa del forastero. Que mas daba, sus dias se centraban en algo mas importante que causaba mas dolor en su cabeza que el escozor de los ungüentos sobre sus graves quemaduras. "¿quien soy?"

Por las tardes era una anciana quien lo cuidaba y cambiaba las vendas. Una mujer que reflejaba mas de seis decadas en los mapas que formaban las arrugas en su rostro y que revelaban de a tramos lo dificil que era la vida en aquel lugar. Aunque la mujer no paraba de hablar le resultaba reconfortante a Icaro el hecho de poder distraerse un poco. Aunque literalmente no entendia ni una sola de las palabras que salian de aquellos labios secos como pasas de uvas.

Por las noches, de cuando en cuando, no  conseguia conciliar el sueño. Se encontraba con su cuidadora nocturna. Una mujer que aparentaria tener mas o menos su edad, unos 26 años quizas. Con un descuidado cabello castaño oscuro y una sonrisa afable que hacia juego con sus ojos de almendra. Con ella era con quien mantenia lo mas similar a una charla. Ya que mal que mal le enseñaba algunas palabras.
Entre mimicas y risas al cabo de una semana desde despertar consiguio armar un poco el rompecabezas de su paradero. Se encontraba en un pueblo pesquero de escasos recursos llamado Sunset Falls, lo habian rescatado de su embarcacion que actualmente se encontraba varada en la playa. Pero el como llego hasta alli era un misterio aun. Celisse que era como se llamaba la cuidadora de las noches insomnes le conto que de haber tardado un dia, o quizas solo unas horas mas en ser rescatado hubiese muerto. Y que seria prudente que al recuperarse lo suficiente la acompañara a entregar una ofrenda al dios de las mares que los guardaba en su gracia y que habia cuidado de el en su viaje

Al margen de sus cuidadores muchas mas personas se reunian a diario en el cuarto para obtener unos pocos minutos de su presencia. Pero creyo conveniente el que no supiesen que de a poco comenzaba a comprender su idoma.
Y sus frutos logro de ello. Con los dias todo se torno mas extraño. Aunque se sentia con fuerzas suficientes para salir de su reclucion los hombres de la aldea no le permitian abandonar la estancia. Y sus cuidadores insistian en que se estado era aun critico.
A esto se le sumaban sus extraños visitantes que en ocasiones llego a dilucidar que no pertenecian siquiera al pueblo, algunos de ellos provenian de una ciudad mas alla del valle que lindaba con el pueblo. Algo asi como Wildertell, segun podia interpretar de aquellas extrañas pronunciaciones.

Mas prisionero que huesped Icaro se encontro atrapado en aquella habitacion sin ventanas. Ninguna de sus cuidadoras tenian acceso ya al lugar, y en su lugar se podian ver ahora a bravos pescadores que hacian a suerte de carceleros.
Este cambio se debia a que en ocasiones el joven habia intentado escapar de la casa pero su mayor logro fue avistar a duras penas el mundo exterior y el pueblo en el que se encontraba.
De ninguna manera era como lo imaginaba. Las chozas de piedra y paja se encontraban abandonadas en el tiempo, todo estaba tomado por hierbas invasivas que crecian incluso hacia adentro de las casas. Las herramientas de trabajo se encontraban todas oxidadas. Y aunque no estaba a la vista la brisa traia consigo el olor de la sal marina mezclado con la pestilencia de las
Visceras de los peces. No llego a dar ni un solo paso antes de que los pescadores adultos lo interceptaran y devolvieran con brusquedad a su habitacion. Pero su breve vista del lugar le habia crispado el alma. Aquel lugar estaba tan muerto como los peces de la costa. Y sea lo que fuere que planearan hacer con el no podia ser nada bueno.       
Asi fue que tras otro intento fallido de escape termino con la compañia de sus hoscos guardias .

Era solo Celisse quien de cuando en cuando iba a pasar tiempo con el. Aunque se negaba a responder todas las preguntas que el chico le hacia alegando ya casi como una burla el no entenderlo al hablar.
Y aunque el rostro de la muchacha mostraba pena por la situacion de Icaro, el no pudo evitar verla como un captor mas.
Ya habian sido veinte o quizas treinta dias de su captura. Algunas personas de raras ropas y extraños accesorioa de piedras y metales preciosos lo habian visitado. Algunos habian llegado incluso a dejarle como presente varios de esos accesorios y tules de telas exoticas.

Pero poco le importaban ya. Icaro dedicaba sus horas de reclucion a rearmar su pasado sea cual fuere. No recordaba quien era ni que buscaba. Ni siquiera de donde venia. Incluso su lengua natural era desconocida para aquellas personas, incluso para los visitantes de Wildertell que a la legüa mostraban ya poseer mayores conocimientos intelectuales.

Inmerso en sus dudas se encontro un dia con su vista clavada en el cuenco de agua clara que habia a un lado de su cama y entonces vio la primer
Diferencia entre sus captores y visitantes con respecto a el.

Y es que verdaderamente poco y nada tenian que ver unos de otros. Ellos con sus cabellos oscuros. Piel morena y descuidada y ojos opacos. Eran completamente diferentes al reflejo que le devolvia la tranquila superficie acuosa. No habia sido consciente de su apariencia hasta entonces desde que habia despertado. Pero como una bofetada veloz algunas imagenes cruzaron por su mente, recuerdos quizas. Imagenes sueltas y carentes de sentido sobre una tierra soleada de jardines colgantes, de elaboradas creaciones de metales variados y de sus iguales observandolo a lo lejos el dia en que el partii de sus tierras en la galera mas grandiosa que podia haber visto en su vida.
La ultima de las imagenes resulto ser de un joven de su misma edad y muy similar en complexion fisica. Pero de un cabello azabache brillante que permitia entrever unos ojos de esmeralda. La imagen se mezclaba con la vision de un extraño objeto dorado. Y entonces sono en su cabeza la voz de aquel joven. "Si la pierdes, ni pienses en regresar Icaro".
Sin entender del todo la cascada de imagenes y sensaciones, las ultimas palabras calaron tan agudo como un punzon en la cabeza de Icaro.
Ya conocia parte de su pasado, pero es que los fragmentos eran tan inciertos y aleatorios que realmente no habria podido sacar nada en claro de aquellos. Solo tres cosas podia asegurar.
La primera, y piedra angular de toda persona, fue su nombre. Ya no seria solo una criatura en la cama. Ya no mas, el era Icaro y sin saberlo muy bien solo el saberlo le daba un poco mas de fuerzas para seguir.
La segunda resultaba en lo que parecia ser su hogar. Si ese pueblo que habia cruzando los muros de su "prision" era un infierno entonces en sus recuerdos, reales o no, el habia conocido el paraiso. Y estaba dispuesto a regresar.
Lo que llevava a Icaro al tercer entendimiento, si planeaba volver necesitaria ese articulo dorado que vio en su cabeza. Ya habia sido advertido sobre intentar volver sin el. Y aunque primera instancia penso que solo era una frase figurativa un atisbo de conocimientos olvidados le volvio a advertir sobre ello. Sin el artefacto jamas podria regresar con sus iguales.
Aquella misma noche juro con toda su voluntad que escaparia y por sus ojos brillantes nadie lo habria puesto en duda, sin embargo aquella noche resulto como las demas.
Los guardias postrados en la entrada resultaban inamovibles, lo doblaban en edad y tamaño y tenian ya una desconfianza afianzada por los anteriores intentos de escape. Asimismo ni siquiera Celisse habia asistido a su encuentro aquella noche. Pero eso no importaba, su plan comenzaba a trazarse y nadie lo podia impedir. Si en primera instancia el les debia su vida, pues ahora estaban cobrandosela. Y no era un precio que estuviese dispuesto a pagar.
Pasaron dos noches mas de solitaria reclusion hasta que se abrio una posible brecha. Una idea estaba enrgazada en su cabeza, la idea de que si tan solo faltase un guardia, solo uno, podria intentar salir de alli.
Aquella era la noche, el cielo le devolvio la sonrisa y la esperanza cuando aquella vez solo acudio un guardia. Ni tan viejo ni tan robusto como los anteriores.
Es que con los dias de "buen comportamiento" ya se habian vuelto descuidados. Y por lo que se podia apreciar a traves de las paredes afuera estaba dandose una fiesta de las grandes.
Una musica tribal de tambores marcaban con macabra alegria una cancion, pero no habia tiempo para ello era ahora o nunca. El guardia de rasgos igualmente toscos que sus predecesores pero con menos de unos treinta años de edad cruzaba la puerta con un plato de comida.
A la hora de la verdad las dudas lo invadian, lo hubiese dado todo por haber recordado clases de pelea entre sus imagenes, pero de eso nada. La voluntad y el miedo tensaban sua musculos por igual cuando salio disparado como resorte hacia su captor.
Un intercambio de golpes pesados le hicieron notar la diferencia de sus fuerzas.  En tanto sus golpes hacian retroceder a su captor. Los que recibia del mismo eran verdaderoa pedrazos en su cara que en mas de una ocasion estuvieron a punto de derribarlo.
El maton los insultaba en aquella extraña lengua entre carcajadas. Y finalmente un golpe certero sento de bruces a Icaro en el suelo de piedra.
Vio venir una oleada de de golpes fulminantes cuando cruzo su vista con la de su captor. Aquel nunca seria su final, no perderia su oportunidad de volver a probar la libertad. Sus ojos estallaban en voluntad a medida que su contrincante se acercaba a el.
Pero antes de este poder dar el primer golpe, cayo inconsiente a un lado de Icaro con los ojos volteados hacia arriba.
Solo le tomo al chico unos pocos segundos el entender que no era tiempo de preguntas. Rogaba que la musica no hubiese permitido escuchar el ajetreo y sin pensarlo mas se puso en pie y comenzo su escape de aquel lugar.
Como lo pensaba, no habia nadie mas en la casa. Todos estarian en aquella celebracion de musica que le helaba la sangre.
Tras cruzar la puerta de la entrada con extremo cuidado lo inundo el olor pestilente de las visceras una vez mas, pero ahora mezclada con el humo y los inciensos que parecian abrazar todo aquel maldito pueblo.
A lo lejos podia verse el refulgor de las llamas donde seguramente seria el centro de la fiesta y origen de la musica.
Correteo entre las casas desiertas. Pero no en direccion al valle y los bosques. Todo lo contrario. Necesitaba llegar a su bote tanto como necesitaba recuperar sus pertenencias.
Rodeo con una distancia mas que prudencial la zona de festividad para acercarse lo mas posible a los muelles.
Pero en la oscuridad de la noche un susurro lo tomo por sorpresa.
Aquella joven Celisse habia dado con su paradero. Pero actuaba de forma rara. Estaba escondida como el, llamandolo desde detras de una casa.  Pero claro que no era alguien de fiar por lo que siguio su camino. Aunque solo unos pasos mas al escuchar, claro como el dia, decir a la chica "sigueme se donde estan tus cosas, no tenemos tiempo".
La joven se acerco corriendo  por su espalda hasta pasarle por un lado tomandolo de la mano.
La miro fijo a los ojos un momento e incluso entre toda esa sombra no vio signo alguno de maldad o engaño.
Cruzaron a hurtadillas el pueblo, en mas de una ocasion habian tenido que esconderse al toparse con algunos hombres y mujeres ya ebrios y enajenados por los tambores que, aunque se alejaban mas y mas del centro de la fiesta, parecia escucharse siempre mas fuerte entrado de a poco en el alma.

La brisa del mar le indicaba la cercania con el objetivo de su anhelo. Pero el encontrarse con la playa no fue una vista agradable. Bañadas las arenas oor la luz de la luna aquello era hn vertedero de todo lo malo de aquella gente. Habia mas de una decena de botes varados y destruidos. Maderas y visceras dispersadas por doquier. Incluso en la noche la carroña traia todo tipo de animales que aprovechaban las sobras, pero que aun en su naturaleza esquivaban algunos de aquellos pescados que hacia ya mucho yacian muertos y destripados en aquel lugar. Ese era el auge de la muerte y la desesperanza. Reflejo de la bestialidad de aquellos hombres. La sola imagen le revolvia el estomago. Pero volvio en si cuando su mano fue jalada con fuerza por Celisse quien lo espetaba exigiendo se apresurara.
Los muelles parecian estar un poco mas lejos de alli. Pero ella lo llevaba en direccion opuesta por la playa. Hacia una zona rocosa. Aunque con dusas no quedaba mas que seguirla. Y tras otros diez minutos de incesante paso veloz dieron con la entrada de una cueva entre las rocas.
La musica estaba lejos ya, eso lo hacia sentirse bien, pero el entrar a una cueva... definitivamente eso no.
Icaro dio media vuelta para dirigirse a los muelles pero una vez mas la chica lo tomo por el brazo.
Entre torpes y asustadas palabras intentaba darle un mensaje pero era demasiado confuso para entender.
Fue solo cuatro intentoa mas tarde que parecio comprender el mensaje.
Ella habia estado en los muelles el dia que el llego, y fue ella quien lo reviso para comprobar su estado. Hizo entender que aunque estaba arrepentida de su actuar ella le habia robado sus cosas antes de que lo hicieran los demas. Y que finalmente las habia colocado alli "su lugar secreto".
Icaro trago saliva, y muy a su pesar acompaño a la muchacha a las tinieblas de aquella cueva llena de sal pero donde por lo menos el hedor fetido de los cadaveres ya no llegaba.
Pocos pasos dentro de la cueva la muchacha comenzo a tantear entre las rocas. A ojos de Icaro solo estaba caminando en las sombras. Pero tras cierta insistencia entendio que estaba buscando algo.
Oculta en la piedra la chica saco una rudimentaria antorcha. Las herramientas para encenderla no tuvieron la misma suerte cuando empujadas por la rama vieja calleron al mojado piso de la guarida. Tardaron un buen rato en encontrarlas y otro buen rato mas en que estuvieran lo suficientemente secas como para encender la antorcha.
Fue un momento de paz entre todos los contratiempos que habia evadido para llegar hasta ahi. Al menos en las penumbras de la cueva estaban a salvo. Icaro se preguntaba si ya habrian notado su ausencia. Si el guardia ya habria despertado. Y mas importante aun ¿que le habia sucedido en primera instancia cuando perdio la consciencia?
Parecia haber pasado una eternidad cuando la incandente llama de la antorcha lo cego al tiempo que disipaba la oscuridad.
Aquel lugar era mas grande de lo que aparentaba en la oscuridad. Si bien el techo era relaticamente bajo la caverna parecia extenderse bastante mas dentro de la tierra. Y para su pesar era hacia alli a donde se diria la chica que lo llamaba con la mano.

Por las vibraciones llegadas a traves del techo y las paredes dio por sentado que tras tan larga caminata entre los corredores subterraneos debian estar pasando por debajo del pueblo.
Antes de que se diera cuenta ya se habia tornado imposible dar vuelta atras. La chica conocia muy bien el camino y habia dejado marcas en las paredes solo reconociblea por ella. Pero ya fuere que alguien quisiese llegar a ellos, o el salir de ahi por su cuenta sin lugar a dudas terminarian inequivocamente perdidos con solo un futuro fatal por delante.
Aquellos pensamientos volvian a mezclarse con la musica que retumbaba desde todas las direcciones y eso volvia a llenarlo de temor. Pero ya no habia vuelta atras. Solo quedaba confiar.
En contraposicion la chica parecia no solo tranquila sino tambien feliz. Se sentia comoda y segura en aquel lugar, SU lugar.
Finalmente luego de una eternidad sin palabras donde solo los tambores llenaban los vacios Celisse volteo a verlo y mostrandole una sonriasa dijo que le mostraria algo. Y entonces apago la antorcha con el agua que corria a sus pies siempre descendiendo al igual que ellos.
Entonces llego la oscuridad total. La musica se hacia mas fuerte sin el crepitar de las llamas y parecia oonerse acorde al sonido del correr del agua.
Una sensacion horrible lo arrebato de un momento a otro. Pero se calmo un poco cuando la pequeña mano de la chica le toco el hombro. Y entonces lo vio...
Por todos lados comenzaban a hacerse visibles a sus ojos pequeñas fosforesencias verdosas pegadas a las paredes y el techo de la cueva. Un espectaculo hermoso que lo lleno de paz con facilidad. Pero era mas que solo unas pequeñas luces, un poco mas lejos de alli una luz mas fuerte que variaba entre el tono verde y el morado parecia iluminarlo todo. Icaro se preguntaba si sería ese el corazon de la cueva.

El misterio se revelo tras unos cuantoa pasos siempre con Celisse por delante como una preciaa guia en aquel laberinto.
En efecto, aquel lugar era el corazon de la cueva, pero jamas la habria imaginado asi. Aquella enorme cama era altisima y su circunferencia era enorme. Solo la mitad de ella tenia suelo firme donde pisar y la otra mitad estaba inundada por la funte de aquella luz. Un liquido, porque llamarlo agua seria demasiado arriesgado, verde purpureo cubria la mitad de aquel lugar, iluminando con su luz mas que diez antorchas. Las corrientes de agua clara que fluian a traves de la piedra se fundia con esa masa y se perdia en su color. El juego de luces y sombras mezcladas con el reflejo de la fuente acuosa dibujaban en toda la camara siniestras sombras. Y como detalla final Icaro reconocio algo que le helo la sangre. Era de ese mismo lugar de donde provenia esa escencia dulce que habia olido en la superficie viniendo de la fiesta. El humo espeso que se desprendia de las leves ondas que creaba el agua clara al encontrarse con aquella fuente llenaba todo con ese sutil perfume.
La muchacha dio unos pasos mas hasta cerca de la orilla y señalo con su gracil dedo un paquete envuelto en tela que se encontraba alli en aquel suelo.
Icaro esbozo una sonrisa de alivio y felicidad cuando por fin se veia cerca de recuperar sus importantes pertenecias. Le dio las gracias con todo su corazon a Celisse, sintio culpa de haber desconfiado de ella. Pero al verla ya nada vio de la chica amable que lo habia ayudado. Su semblante se habia transfigurado y en su rostro ya no habia ni un apice de bondad, no podria nadie precisar la mezcla de males y perversiones de las que se teñian aquellos ojos y su sonrisa satisfecha. Pero entonces solo fue un golpe en el cuello por la espalda y toda luz se apago para Icaro en una mezcla luminosa de humores violetas y aquellos ojos de almendra que antes ofrecian piedad.